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Qué defectos decir en una entrevista de trabajo (con 8 respuestas de ejemplo)

Qué defectos decir en una entrevista: 8 defectos reales con la respuesta redactada, la estructura en tres pasos y por qué evitar «soy perfeccionista».

Redacción de CreaTuCVPublicada el 8 min de lectura

Hombre pensativo con camisa de cuadros que se lleva la mano a la barbilla en una terraza

En una entrevista conviene decir un defecto real que no sea imprescindible para el puesto, acompañado de un ejemplo concreto y de lo que haces para corregirlo. Por ejemplo: «Me cuesta delegar; en mi último trabajo acababa haciendo tareas que podía hacer otra persona, y ahora reparto el trabajo los lunes y lo reviso los viernes». Esa estructura de tres pasos (defecto, ejemplo y corrección) responde a lo que de verdad te están preguntando: si te conoces y si sabes mejorar.

¿Por qué te preguntan por tus defectos?

Nadie espera que confieses algo grave. La pregunta sirve para medir tres cosas:

  • Si te conoces. Si no sabes decir un punto débil propio, transmites poca autocrítica.
  • Si eres sincero. Una respuesta de manual se detecta enseguida.
  • Cómo reaccionas ante un fallo. Es lo que más pesa. EURES, el portal europeo de empleo, lo resume así en su guía de entrevistas: reconoce si te falta experiencia o una habilidad y explica cómo vas a compensarlo, porque lo que quiere saber el entrevistador es cómo superas tus puntos débiles.

De paso, comprueban que tu defecto no choca con el puesto. Por eso la elección importa tanto como la forma de contarlo.

¿Cómo se construye una buena respuesta?

Tres partes, en menos de un minuto:

  1. El defecto, dicho sin rodeos. Una frase. Nada de «quizás a veces podría ser que».
  2. Un ejemplo real de cuándo te afectó. Esto es lo que lo hace creíble.
  3. Qué haces para corregirlo y qué ha cambiado desde entonces. Aquí está la nota.

Puedes usar esta plantilla y rellenarla con lo tuyo:

Mi punto débil es [defecto]. Me di cuenta cuando [situación concreta]. Desde entonces [lo que haces para corregirlo], y [lo que ha mejorado].

La tercera parte debe ser un hábito o una herramienta concreta («uso una lista», «pido que me lo revisen», «me apunté a un curso»), no una intención («intento mejorar»).

¿Qué defecto elegir y cuál evitar?

Antes de decidir, relee la oferta. Un defecto aceptable para un puesto puede ser eliminatorio para otro.

Defecto Funciona si el puesto es Evítalo si el puesto es
Me cuesta delegar Técnico o de especialista De coordinación de equipos
Me cuesta hablar en público Administrativo, técnico, almacén Comercial, docencia, formación
Soy demasiado directo Técnico, producción, logística Atención al cliente delicada
Me cuesta decir que no Casi cualquiera Con mucha presión de plazos
Me impaciento con los procesos lentos Ventas, operaciones Calidad, compras, trámites
Me falta experiencia en una herramienta Si la herramienta es secundaria Si es el núcleo del trabajo
Me cuesta pedir ayuda Casi cualquiera Equipos muy colaborativos
Calculo mal lo que tardo en las tareas Trabajo con plazos flexibles Gestión de proyectos

Y hay defectos que no se dicen nunca, aunque sean verdad: la impuntualidad, la falta de honestidad, el mal carácter, no aguantar a los jefes o la desgana. No son puntos débiles que se corrijan con un método, sino motivos para no contratarte.

Ocho defectos reales con su respuesta redactada

Las respuestas son modelos. Cambia el ejemplo por uno tuyo, porque el entrevistador puede pedirte detalles.

1. Me cuesta delegar

Me cuesta delegar. En mi último trabajo me di cuenta de que me quedaba hasta tarde con tareas que podía hacer un compañero, solo porque pensaba que tardaba menos haciéndolas yo. Ahora reparto el trabajo los lunes, explico bien lo que necesito y lo reviso el viernes. Salgo a mi hora y el equipo aprende más.

2. Me cuesta hablar en público

Hablar delante de un grupo me pone nervioso. Lo noté cuando tuve que presentar los resultados del trimestre a la dirección y me quedé en blanco a mitad. Desde entonces preparo un guion con tres ideas, lo ensayo en voz alta la víspera y me ofrezco a presentar en las reuniones de equipo para coger soltura. La última presentación ya la hice sin leer.

3. Soy demasiado directo

A veces soy demasiado directo. En una reunión le dije a una compañera que su propuesta no funcionaría delante de todos, y aunque tenía razón en el fondo, la forma no fue buena. Ahora, si veo un problema, lo comento antes en privado y propongo una alternativa en lugar de quedarme en la crítica.

4. Me cuesta decir que no

Me cuesta decir que no cuando me piden ayuda, y eso me ha llevado a acumular encargos y retrasar los míos. En temporada alta llegué a tener tres peticiones de otros departamentos a la vez. Ahora, antes de aceptar algo, miro mi lista del día y digo con claridad cuándo puedo hacerlo. Así sigo ayudando, pero sin dejar lo mío a medias.

5. Me impaciento con los procesos lentos

Me impaciento cuando un trámite se alarga. Con un proveedor que tardaba semanas en confirmar pedidos llegué a insistir más de la cuenta, y la relación se resintió. Aprendí a preguntar al principio cuánto suele tardar cada paso y a apuntar las fechas en el calendario para hacer seguimiento solo cuando toca.

6. Me falta experiencia en una herramienta concreta

Es la opción más honesta si vienes de otro sector o buscas tu primer empleo. El entrevistador ya lo ve en tu currículum, así que no pierdes nada y demuestras que lo tienes controlado.

No he trabajado con el programa de gestión de clientes que usáis. Sí manejo otro parecido, y esta semana he empezado un curso en línea del vuestro para llegar con lo básico aprendido.

7. Me cuesta pedir ayuda

Tiendo a querer resolverlo todo yo solo. En mis primeras semanas en el almacén perdí una mañana buscando cómo hacer un ajuste de inventario que un compañero me habría explicado en cinco minutos. Ahora me pongo un límite: si en media hora no avanzo, pregunto. He ganado tiempo y he aprendido más rápido.

8. Calculo mal lo que tardo en las tareas

Suelo calcular a la baja lo que tardo en hacer las cosas. Al principio me comprometía a entregar informes en dos días y necesitaba tres. Ahora apunto cuánto tardo de verdad en cada tipo de tarea y, cuando me piden un plazo, añado un margen. Llevo meses cumpliendo todas las fechas que doy.

¿Por qué «soy perfeccionista» suena a evasiva?

Porque es una virtud disfrazada de defecto, y el entrevistador lo nota. La pregunta busca ver si eres capaz de reconocer algo que te perjudica, y «soy perfeccionista», «soy demasiado exigente conmigo mismo» o «trabajo demasiado» esquivan justo eso. Además, es de las respuestas más previsibles: te coloca en el montón cuando querías destacar.

Si de verdad lo eres, conviértelo en un defecto concreto, con su coste y su solución:

Tardo en dar por terminado un trabajo. Repaso un informe tres o cuatro veces cuando con una revisión bastaría, y eso me hizo entregar tarde dos veces en mi último puesto. Ahora me pongo una hora límite para revisar y, si sigo con dudas, le pido a un compañero que lo mire con ojos nuevos.

La diferencia es que aquí hay un problema real (entregar tarde) y un método para evitarlo, no una forma de presumir.

¿Y si te preguntan por tus virtudes?

Es la pregunta gemela y se prepara igual, pero al revés: virtud, prueba y lo que aporta a este puesto. Elige una o dos cualidades que pida la oferta y demuéstralas con un hecho, porque una virtud sin ejemplo no se la cree nadie. Si ya escribiste tu perfil profesional del currículum, tus virtudes deberían coincidir con lo que pusiste ahí.

Mi principal virtud es la constancia con el seguimiento de clientes. En mi último trabajo apuntaba cada presupuesto enviado y llamaba a los siete días; así cerré varios que se habían quedado parados. En un puesto comercial como este, creo que es lo que más puedo aportar desde el primer mes.

A veces lo preguntan como «defínete en tres palabras». Funciona igual: tres adjetivos, cada uno con una prueba de una frase.

Resolutiva, constante y buena con los números. Resolutiva porque cuando se cayó el sistema de cobro organicé la cola para seguir vendiendo; constante porque llevo dos años haciendo el seguimiento semanal de pedidos sin fallar una semana; y buena con los números porque cuadraba la caja de toda la tienda cada noche.

Si te piden «tres virtudes y tres defectos», mantén el equilibrio: no despaches los defectos en una línea y te alargues en las virtudes.

Lo que no debes responder nunca

  • «No tengo defectos». Suena a falta de autocrítica o a arrogancia.
  • Un chiste («el chocolate»). Puede romper el hielo, pero si no sigues con una respuesta real, parece que esquivas la pregunta.
  • Un defecto que te descalifica para el puesto, como decir que te cuestan los números para un puesto de contabilidad.
  • Problemas personales o de salud. No tienes por qué contarlos y no aportan nada a la respuesta.
  • Defectos de otros: «Mi problema es que mi antiguo jefe no me dejaba trabajar» es una crítica, no un defecto.

Antes de la entrevista, prepara esto

Escribe dos defectos, cada uno con su ejemplo y su corrección, y una o dos virtudes con su prueba. Léelos en voz alta y cronometra: menos de un minuto por respuesta. Comprueba que ninguno choca con los requisitos de la oferta y que el ejemplo es tuyo, porque es lo primero sobre lo que te pueden repreguntar.

Esta pregunta casi nunca llega sola. Repasa también las preguntas más frecuentes de entrevista de trabajo y lleva pensadas las preguntas para hacer al final de la entrevista: son tu oportunidad de cerrar con buen sabor de boca.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos defectos tengo que decir en una entrevista?

Con uno bien explicado suele bastar, pero lleva preparado un segundo, porque algunos entrevistadores repreguntan «¿y otro?» o piden directamente tres virtudes y tres defectos. Elige defectos distintos entre sí, por ejemplo uno de organización y otro de trato con la gente, y que ninguno sea un requisito clave del puesto al que te presentas.

¿Puedo decir que no tengo experiencia como defecto?

Sí, y es una buena opción si es tu primer empleo o cambias de sector, porque es real y el entrevistador ya lo sabe por tu currículum. Lo que suma es explicar cómo lo estás compensando: un curso, prácticas, un proyecto propio o la rapidez con la que aprendiste algo nuevo en otro contexto. Termina con un hecho, no con una promesa.

¿Qué pasa si el defecto que digo es justo lo que pide el puesto?

Puede costarte la candidatura, así que relee la oferta antes de elegir. Si para un puesto de contabilidad dices que te cuesta la precisión, o para atención al público que te incomoda tratar con gente, das al entrevistador un motivo directo para descartarte. Escoge un defecto real que afecte a una parte secundaria del trabajo.

¿Es malo decir que soy tímido?

No, si el puesto no exige un trato constante con desconocidos y lo acompañas de lo que haces al respecto. Por ejemplo: «Al principio me cuesta intervenir en reuniones con gente nueva, así que preparo de antemano dos o tres puntos que quiero decir». Para un puesto comercial o de cara al público, mejor elige otro defecto.

Fuentes

  1. Cómo impresionar a los empresarios en las entrevistas de trabajo (EURES, Autoridad Laboral Europea)
  2. 6 consejos para una entrevista de trabajo (Red COE, SEPE)
  3. Entrevista de selección: guía de orientación (LABORA, Generalitat Valenciana)

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